Estamos hartos de nosotros mismos: la fatiga algorítmica ya llegó y TikTok lo sabe

Hay un momento preciso en que dejas de disfrutar el scroll y empiezas a sentirlo como obligación. Ese momento tiene nombre: fatiga algorítmica. Y en 2026, ya no es un fenómeno de nicho — es la conversación central de cómo vivimos en internet.

TikTok lo detectó primero y lo dijo en voz alta: sus propios datos muestran que las audiencias están abandonando el contenido idealizado. Los videos de casas perfectas, rutinas de productividad impecables y cuerpos sin un poro visible generan cada vez menos engagement. Lo que explota son las historias reales, los límites personales, los errores mostrados sin filtro.

El problema es que la autenticidad también se puede fabricar. Y la industria lo sabe. Marcas y creadores aprendieron rápido que «lo real» vende, y empezaron a producir contenido cuidadosamente editado para parecer espontáneo. La trampa es obvia: si todo el mundo performa la autenticidad, nadie es auténtico.

Lo que sí está cambiando de fondo es la relación con el algoritmo mismo. Una generación entera creció aprendiendo a producir contenido para ser vista — formatos correctos, horarios óptimos, ganchos en los primeros tres segundos. El cansancio no es solo estético. Es existencial. ¿Qué queda de una experiencia cuando la primera pregunta es si vale la pena publicarla?

La respuesta que están ensayando miles de usuarios es radical: dejar de publicar. O publicar mal, tarde, sin estrategia. Como en 2016, cuando Instagram estaba lleno de fotos borrosas y nadie medía el alcance.

La nostalgia como resistencia. No es poca cosa.

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