Moda y Política en el mismo clóset

El 1 de enero de 2026, Zohran Mamdani juró como alcalde de Nueva York en el andén de una estación de metro abandonada desde 1945. No en un salón de gala. No frente a una alfombra roja. En el subterráneo, rodeado de azulejos históricos y simpatizantes con chapitas de campaña. Su esposa, la artista Rama Duwaji, llevaba botas de Miista — marca independiente fundada por una diseñadora gallega, 530 euros, sin logos visibles, sin lujo ostentoso.

Cada decisión fue un mensaje.

Cuatro meses después, cuando Anna Wintour lo invitó a la Met Gala — esta vez patrocinada por Jeff Bezos, el mismo millonario al que Mamdani quiere gravar con impuestos — la respuesta fue simple: no voy. «Mi foco está en hacer la ciudad más cara de Estados Unidos más asequible», dijo. La ciudad amaneció al día siguiente tapizada de carteles: «Met Gala patrocinada por la explotación».

Lo que Mamdani está haciendo — conscientemente o no — es usar la política del cuerpo y del espacio como extensión de su programa de gobierno. Dónde juras, qué llevas puesto, a qué eventos no vas: todo comunica. Y en un momento donde la moda de lujo lleva años intentando lavarse la cara con causas sociales sin cambiar sus estructuras, el contraste es brutal.

No es nuevo que la ropa tome partido. Las sufragistas usaban blanco. El punk convirtió los alfileres en ideología. La diferencia hoy es la velocidad: un par de botas identificadas en Twitter se vuelve tendencia antes de que termine la inauguración. Un «no» a la Met Gala vale más que cualquier look en la alfombra roja.

Tu clóset tiene una postura. La pregunta es si la elegiste tú.

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