Opinión | 7 años sin Daniel Zamudio o la Violencia como Arma de Destrucción Cotidiana

por Jorge Antonio Campusano

Daniel Zamudio ingresó a la Posta Central a las 06:00 de la madrugada del sábado 3 de marzo del 2012 con un TEC grave, una hemorragia craneal, lesiones múltiples corto contusas en región facial, tórax y extremidades, una neumonía aspirativa y una fractura expuesta tibio-peroné izquierda.

Fractura de Cráneo y Hemorragia Interna son algunas de las consecuencias de la violencia lesbofóbica contra Carolina Torres Urbina de 24 años. Esta mujer fue agredida en la comuna de Pudahel el 14 de febrero del 2019 debido a manifestar públicamente su relación lésbica en el espacio público.

Los años pasan; las víctimas de la violencia contra la diferencia aumentan. La Ley Antidiscriminación sigue en su estado inicial falta de dientes y brazos para combatir la discriminación que aqueja a la población LGBTI+.

La violencia contra la comunidad LGBTI+ es pan de cada día en cada rincón de Chile. Sólo basta con conversar con nuestros amigos/as/es y darnos cuenta de las violencias cotidianas que vivimos quienes transitamos desde la diversidad sexual en esta sociedad.  La burla, la estigmatización, la invisibilización, los golpes y el asesinato son algunas de las formas que la intolerancia adopta para atacar a quienes se desvían del camino esperado de la normalidad naturalizada.

En este camino de violencia; las violencias también son desiguales y golpean más fuerte a quienes tienen menos poder simbólico y real en nuestra escala social. Mujeres, Trans, Niños/as/es, Pobres y Enfermos son el eslabón más vulnerable de una cadena que no respeta al otro como un legítimo otro. 

La brutalidad contra Carolina o el Asesinato de Daniel; nos habla de frente y a grito pelado, sobre la naturalización de la intolerancia y la poca educación sexual y cívica que tiene nuestra sociedad. En redes sociales abundan comentarios que se alegran por el aumento de la violencia contra nosotros; “El libertinaje conlleva a estas situaciones, mucho mariconeo, mucha lesbi. Antes esto existia igual pero todo era mas piola, ahora que saalieron del closet se andan ventilando por todos lados…………atenganse a las consecuencias y punto” (cita textual).

Los crímenes de odio contra la comunidad LGBTI+ aumentan un 44%, según los reportes del MOVILH; 698 denuncias y abusos basados en la orientación sexual o la identidad de género fueron informados el 2018. ¿Cuánto abuso y violencia cotidiana no llegó a estas cifras por miedo, desconocimiento, marginalidad o naturalización? La violencia es un cáncer que se ramifica por nuestra sociedad. La aceptación, en aras de la libertad de expresión, de discursos de odio y discriminación solo profundiza y agudiza una herida que aún no logramos curar como corresponde.

Hace algunos días un presidente declaradamente homófobo; a través de joyitas como “No voy a combatir ni discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle los voy a golpear”; visitó Chile recibiendo Honores de Estado y tratado como un demócrata por una parte importante de nuestra clase política. Son ese tipo de actos simbólicos los que validan el enorme caudal de violencia que hoy vivimos quienes formamos parte de la comunidad LGBTI+ en Chile y el mundo. ¿Si un presidente de la república puede pensarlo y decirlo; por qué un obrero u oficinista no podría hacerlo en su trabajo o en sus redes sociales? Un país comprometido en serio con la no discriminación; debe transitar hacia la penalización de ese tipo de discursos; que ofenden, denigran y violentan a las personas. Quienes estamos comprometidos con la democracia; y lo que eso significa, sabemos que no es posible contar con una democracia sana cuando por acción u omisión se amparan discursos que legitiman y reproducen la discriminación. 

La heteronorma; como clave de contexto para nuestro desarrollo afectivo y sexual; no solo nos invisibiliza; también nos violenta. La diversidad sexual existe, ha existido siempre y les aviso que seguirá existiendo por más barreras, castigos o violencia que se imponga. Estamos atrasados en el camino de la plena inclusión y respeto. Debemos correr más rápido y con más decisión hacia un lugar seguro para todas/os/es. Debemos convencer a nuestros amigos y familiares que no entienden la importancia de esta lucha y debemos demandar a nuestras autoridades un compromiso público e irrestricto con los derechos humanos de quienes habitamos la diversidad sexual como nuestro domicilio.

Hace 7 años falleció Daniel Zamudio en la posta central de Santiago de Chile. ¿Cuantos más deben morir para que entendamos que el desafío es ahora?


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